16 marzo 2012

Razas

Por cierto, me hace gracia que al buscar el nombre de razas de ovejas negras para ilustrar la entrada anterior, me he dado cuenta que todas las ovejas son iguales y que cuando aparece una de color negro en realidad es una variedad, no una raza de ovejas negras.
Y eso es algo que parece asentado.
Sin embargo con las personas seguimos empleando la fatalmente errónea palabra Raza para agrupar -más bien separar- por rasgos distintivos a las personas.
Que malos somos.

El agujero negro


Metáfora visual de la situación actual de este país.
Entre todos lo hemos convertido en un sumidero, cloaca, intestino, hogar de ratas...
¿Entre todos?
¿Qué he hecho yo para merecer esto?
Yo, que solo soy un pobre -nunca mejor dicho- asalariado con nomina mensual temblequeante.
No, los culpables son otros, y son muchos.
Últimamente me hablan de Islandia, allí se han podido más o menos tomar medidas contra los culpables, aquí el problema es que son muchos los culpables; muchísimos los beneficiados con la mirada hacia otra parte del gobierno y con la ayuda inestimable a cambio de beneficiarnos ambos de gran parte de la sociedad política. Los políticos en el poder nos venden la idea de que solo son unas pocas las ovejas negras.
MENTIRA.
Por poner las cosas claras, en este país todos los políticos son ovejas moras, alcarreñas, variedad negra.

El Fin de España


En este punto tan poco romántico acaba una de tantas carreteras que se dan de bruces con el mar, aquí acaba España y comienza el Mediterráneo; un mar que cuando lo navegas en balanceante velero compites en velocidad con botellas de cinco litros de agua flotando (dejo para otro día lo que me sugiere un contenedor de cinco litros de agua flotando sobre millones de litros libres), bolsas de plástico de Mercadona y otras tonterías con el sello inconfundible de la mano del hombre.
Volviendo a la foto, con tanto cartel y señal ¿qué tal una que diga algo así como "Encantados de haberle desgraciado la vida con falsas esperanzas, impustos por todo, despilfarro, un toque de mal gobierno y de mafia barata".

12 marzo 2012

Joy




Un montaje en photoshop a partir de dos pequeños trozos que los usé como punto de partida para imaginar cómo podría ser la decoración de esta serie cerámica.

Battlestar Galactica

Pocas series televisivas de ciencia ficción tan buenas hay como esta; Battlestar Galáctica (la del 2003 al 2007) es buena porque no renuncia a contar su historia con seriedad, tampoco renuncia al puro y simple entretenimiento y menos aún a la coherencia con unos planteamientos seudofilosóficos/religiosos que, aunque pueden no ser del agrado de todo el mundo, se mantienen y potencian a lo largo de las cinco temporadas. Quizás ese sea uno de los posibles problemas que impiden subir la nota a las 5 clásicas estrellas, y es el hecho de que la historia se centra mucho, (posiblemente demasiado) en esa lucha sin cuartel entre ¿humanos? y Cylons. De todas formas, y aún con ello, considero que es una serie muy digna, con unos personajes principales con los que empatizas desde el principio, unas tramas absorbentes, unos efectos especiales muy buenos -un hallazgo visual esos ataques de naves estelares rodados como con cámara a mano-... Podría seguir pero no vale la pena, la serie acabó hace ya unos años, se rodó Cáprica, una precuela que no funcionó en pantalla y unas películas, supongo que para TV que aclaraban muchos puntosy saciaban el hambre galáctico de los seguidores.
Por cierto, otro problema que detecté en su momento es que para ver Battlestar Galáctica y no perderte necesitas empezar por el principio (sí ya, de perogrullo), pero es que no hay que empezar a verla por el primer capítulo de la serie sino por las dos películas que hay a modo de precuela (dejando aparte Razor, que es otra peli ya avanzada la trama).

05 marzo 2012

Quintero, León y Quiroga

Nunca te acostarás sin saber algo nuevo.
Ahora resulta que Quintero, León y Quiroga eran tres compositores distintos y no uno solo con apellidos rimbombantes.
Según la Wiki, se llamaron Antonio Quintero, Rafael de León y Manuel Quiroga.

Sí, el burro era yo.
Lo sé.

03 marzo 2012

Trabajando a ciegas, en equipo

Este texto no es mío. Lo encontré en la red. Es muy bueno, iun pequeño ejercicio estilístico, un compendio de recursos literarios al servicio de una idea, la legitimación de algo que hacen cientos de personas en internet. El texto es del gran Hernan Casciari, se puede encontrar AQUÍ: http://blogs.elpais.com/espoiler/2007/10/de-dnde-es-a-qu.html Los miércoles a las nueve de la noche, hora de Nueva York, la cadena norteamericana ABC emite una serie de televisión que me gusta. A esa misma hora un mexicano llamado Elías, dueño de un vivero en Veracruz, la está grabando directamente a su disco rígido, y tan pronto como acabe subirá el archivo a Internet, sin cobrar un centavo por la molestia. Tiene esta costumbre, dice, porque le gusta la serie y sabe que hay personas en otras partes del mundo que están esperando por verla. Lo hace con dedicación, del mismo modo que trasplanta las gardenias de su jardín para que se reproduzca la belleza. A las once de la noche de ese mismo miércoles, Erica, una violinista canadiense de veinticuatro años que ama la música clásica, baja a su disco rígido la copia de Elías y desgraba uno a uno los diálogos para que los fanáticos sordomudos de la serie puedan disfrutarla; distribuye esos subtítulos en un foro tan rápido como puede. No cobra por ello ni le interesa el argumento: lo hace porque su hermano Paul nació sordo y es fanático de la serie, o quizás porque sabe que hay otra mucha gente sorda, además de su hermano, que no puede oír música y debe contentarse con ver la televisión. A las 3:35 de la madrugada del jueves, hora venezolana, Javier baja en Caracas la serie que grabó Elías y el archivo de texto que redactó y sincronizó Erica. Javier podría ver el capítulo en idioma original, porque conoce el inglés a la perfección, pero antes necesita traducirlo: siente un placer extraño al descubrir nuevas etimologías, pero más que nada le place compartir aquello que le interesa. Para no perder tiempo, Javier divide el texto anglosajón en ocho bloques de tamaños parecidos, y distribuye por mail siete de ellos, quedándose con el primero. Inmediatamente le llega el segundo bloque a Carlos y Juan Cruz, dos empleados nocturnos de un Blockbuster bonaerense que suelen matar el tiempo jugando al ajedrez, pero que ocupan los miércoles a la madrugada en traducir una parte de la serie, porque ambos estudian inglés para dejar de ser empleados nocturnos, y también porque no se pierden jamás un capítulo. El tercer bloque de texto lo está esperando Charo, una ceramista de Alicante que está subyugada por la trama y necesita ver la serie con urgencia, sin esperar a que la televisión española la emita, tarde y mal doblada, cincuenta años después. El cuarto bloque lo recibe María Luz, una tipógrafa rubia y alta que trabaja, también de noche, en un matutino de Cuba: María Luz deja por un momento de diseñar la portada del diario y se pone rápidamente a traducir lo que le toca. Dice que lo hace para practicar el idioma, ya que desea instalarse en Miami. El quinto bloque viaja por mail hasta el ordenador de Raquel y José Luis, una pareja andaluza que vive de lo poco que le deja una librería en el centro de Sevilla. Llevan casados más de veinticinco años, no han tenido hijos, y hasta hace poco traducían sonetos de Yeats con el único objeto de poder leerlos juntos, ella en un idioma, él en otro. Ahora, que se han conectado a Internet, descubrieron que además de buena poesía existe también la buena televisión. El sexto bloque le llega a Ricardo, en Cuzco: Ricardo es un homosexual solitario —y muchas noches deprimido— que traduce frenéticamente mientras hace dormir a su gato Ezequiel. El séptimo lo recibe Patrick, un inglés con cara de bueno que viajó a Costa Rica para perfeccionar su español, lo desvalijó una pandilla casi al bajar del avión pero igual se enamoró del país y se quedó a vivir allí. Y el octavo bloque le llega, al mismo tiempo que a todos, a Ashley, una chica sudafricana de madre uruguaya que es fanática de la serie porque le recuerda (y no se equivoca) a su libro favorito: La Isla del tesoro. Los ocho, que jamás se han visto las caras ni tienen más puntos en común que ser fanáticos de una serie de la televisión o de un idioma que no es el materno, traducen al castellano el bloque de texto que le corresponde a cada uno. Tardan aproximadamente dos horas en hacer su parte del trabajo, y dos horas más en discutir la exactitud de determinados pasajes de la traducción; después Javier, el primero, coordina la unificación y el envío a La Red. Ninguno de los ocho cobra dinero para hacer este trabajo semanal: para algunos es una buena forma de practicar inglés, para otros es una manera natural de compartir un gusto. A esa misma hora Fabio, un adolescente a destiempo que vive en Rosario, a costas de sus padres a pesar de sus 23 años, encuentra por fin en el e-mule la traducción al castellano del texto. Con un programa incrusta los subtítulos al vídeo original, desesperado por mirar el capítulo de la serie. A veces su madre lo interrumpe en mitad de la noche: —¿Todavía estás ahí metido en Internet, Fabio? ¿Cuándo vas a hacer algo por los demás, o te pensás que todo empieza y termina en vos? —Tenés razón mamá, ahora mismo apago —dice él, pero antes de irse a dormir coloca el archivo subtitulado en su carpeta de compartidos para que cualquiera, desde cualquier máquina, desde cualquier lugar del mundo, pueda bajarlo. Fabio jamás olvida ese detalle. Los jueves suelo levantarme a las once de la mañana, casi a la misma hora en que Fabio, a quien no conozco, se ha ido a dormir en Rosario. Mientras me preparo el mate y reviso el correo, busco en Internet si ya está la versión original con subtítulos en español de mi serie preferida, que emitió ocho horas antes la cadena ABC en Estados Unidos. Siempre (nunca ha fallado) encuentro una versión flamante y me paso el resto de la mañana bajándola lentamente a mi disco rígido, para poder ver el capítulo en la tele después de almorzar. Mientras espero, escribo un cuento o un artículo para Orsai: lo hago porque me resulta placentero escribir, y porque quizás haya gente, en alguna parte, esperando que lo haga. El artículo de este jueves habla de Internet. Dice, palabras más, palabras menos, algo que hace veinticinco años dijo Borges mucho mejor que yo, en un poema maravilloso que se llama Los Justos: “Un hombre que cultiva un jardín, como quería Voltaire. El que agradece que en la tierra haya música. El que descubre con placer una etimología. Dos empleados que en un café del Sur juegan un silencioso ajedrez. El ceramista que premedita un color y una forma. Un tipógrafo que compone bien esta página, que tal vez no le agrada. Una mujer y un hombre que leen los tercetos finales de cierto canto. El que acaricia a un animal dormido. El que justifica o quiere justificar un mal que le han hecho. El que agradece que en la tierra haya Stevenson. El que prefiere que los otros tengan razón. Esas personas, que se ignoran, están salvando el mundo.”

01 marzo 2012

De mal en peor

Otra más; estos del PP despiden ahora a los investigadores del ministerio de hacienda -bueno, en realidad han despedido a sus jefes y eso ya me molesta un poco menos, que yo no he sido nunca jefe de nada-, decía que han despedido a los que investigaron el caso Gurtel y Urdangarín Urdangarónsin palabras.
Madre mía la que le espera a este país y a los que se han visto obligados a quedarse dentro del mismo. Yo soy uno de ellos y temo por mi futuro, en tanto que el presente se tizna de negro y los indicadores de evolución futura son absoluta y definitivamente negativos (salvo para la selección de futbol que esos parecen comer aparte).
Un desastre de país, oiga.
Vergüenza debiera darnos lo que estamos haciendo entre todos, pues no en vano más de uno de los aquí presentes votó al PP en las últimas elecciones (o al PSOE, que no es lo mismo pero es igual), legitimando todas estas medidas a ciegas que siguen aplicando para mayor carcajada de los dueños de esas manos oscuras, garras tenebrosas, que tejen los destinos del mundo "civilizado".
Digo yo que nos civilizaron para que hoy sean 4 gatos los que salen a la calle a quejarse.
El problema de esos cuatro es que no está en la calle el culpable de lo que está pasando.

Lo dejo ya que estoy hablando de Hacienda; temas mayores de los que mejor mantenerse lejos, muy lejos. No vaya a ser que...

29 febrero 2012

La trampa pepera

Día a día y medida absurda tras medida absurda, se va confirmando que este gobierno pepero sabe tanto como el que ya teníamos, cosa por otra parte que ya intuíamos.
Bueno, quizás sea más exacto decir que sabe un poco más que el anterior gobierno porque ganando de calle las elecciones consiguieron asientos de primera para apoltronar, al menos durante 4 años, sus orondos traseros.

Geometrías visuales